
¿Estamos cumpliendo la misión?
La pregunta incómoda que exige acción hoy
Esta no es solo una pregunta incómoda. Tampoco es una frase retórica lanzada desde un púlpito para provocar silencio y cabezas inclinadas. Es una pregunta que debe incomodarnos lo suficiente como para movernos, sacarnos de la pasividad espiritual y llevarnos a la acción concreta.
No se
trata de reflexionar un momento y continuar con la rutina eclesiástica. Se
trata de evaluar honestamente si la misión que Cristo nos confió está siendo
vivida, encarnada y practicada en lo cotidiano. Porque una iglesia puede
predicar bien, administrar mejor y aun así no estar cumpliendo la misión.
La misión no es información, es compromiso
En el
ámbito académico existen innumerables libros, artículos, estadísticas y
estudios sobre crecimiento de iglesia, estrategias misioneras y modelos
evangelísticos. Todo eso es valioso, pero no es suficiente. La misión no
se completa con información, sino con un compromiso genuino que nace del
corazón transformado.
David
Bosch afirma que “la misión no es una actividad más de la iglesia, sino la
expresión misma de su identidad” (Bosch, 2011, p. 372). Es decir, cuando la
iglesia deja de vivir la misión, deja de ser iglesia en su sentido bíblico.
El
problema no es la falta de conocimiento. Muchos líderes y pastores saben
perfectamente qué es la misión, pueden explicarla teológicamente y defenderla
doctrinalmente. El verdadero desafío es que saber no es lo mismo que hacer.
El riesgo del éxito sin misión
Hoy es
posible obtener excelentes resultados administrativos, templos llenos,
transmisiones en vivo con buena audiencia y una presencia activa en redes
sociales. Todo eso suma, pero no reemplaza la misión.
Muchos
líderes saben, en lo profundo, que por más elocuentes que sean sus sermones o
eficientes sus gestiones, no están ganando almas para el Reino de los Cielos.
Y la misión no puede tercerizarse ni delegarse como una función secundaria. No
se trata de pagar para que otros lo hagan ni de dirigir la obra desde una
oficina.
Resulta
imposible imaginar a Cristo revisando informes mientras otros salían a servir.
Los evangelios nos muestran a Jesús en constante movimiento: sanando
enfermos, enseñando en el camino, animando a los cansados, comiendo con
pecadores, predicando desde una barca, caminando por aldeas y sentándose a la
mesa de una casa.
Cada
lugar era una oportunidad. Cada encuentro, un momento misionero.
Más allá del púlpito y de las pantallas
La misión
no se cumple únicamente desde el púlpito ni se agota en una transmisión en
vivo. El testimonio digital puede ser una herramienta valiosa, pero no es el
todo. Si has comenzado a compartir tu fe en redes sociales, eso es una
semilla; buena, necesaria, pero incompleta si no va acompañada de una vida
misionera tangible.
Jesús
mismo lo dejó claro en Mateo 25:35–36:
“Porque
tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui
forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me
visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí” (RVR1960).
Este pasaje no habla de discursos ni de publicaciones. Habla de acciones concretas, de presencia, de cercanía, de compromiso personal. Nadie podrá decir en aquel día: “Señor, transmití muchas horas en vivo” o “doné dinero sin involucrarme”. La misión bíblica es encarnada, relacional y transformadora.
Sembrar no es suficiente: hay que acompañar hasta
el final
Jesús
habló del sembrador, pero nunca enseñó una misión incompleta. El agricultor no
solo lanza la semilla; cultiva, riega, protege y espera la cosecha. De
la misma manera, la misión no termina cuando alguien escucha el mensaje.
No
podemos ser solo sembradores ocasionales. Es necesario acompañar el proceso,
caminar con las personas, discipularlas, mentorearlas y sostenerlas hasta que
tomen la decisión consciente de seguir a Cristo. Abandonar a las personas
después del primer contacto es dejarlas a su suerte espiritual.
Ellen G.
White escribió:
“La obra del evangelio no se completa con la conversión; apenas comienza”
(White, 1915/2005, p. 91).
La misión es una obra completa y colectiva
La misión
en la Biblia es una labor integral que requiere la dirección del Espíritu Santo
y la cooperación humana. Nadie trabaja una viña solo. Cristo habló
constantemente del trabajo en equipo. Escogió a doce hombres comunes,
sin formación teológica formal, y confió en que el Espíritu Santo
transformaría sus vidas para que su testimonio convenciera al mundo.
Jesús
oró:
“Para que
todos sean uno… para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:21).
La unidad
no es un lujo eclesiástico; es una estrategia misionera divina. La
verdad no se impone solo con argumentos, sino con una comunidad que vive lo que
predica.
La verdad es progresiva y Dios completa la obra
La misión
no exige perfección doctrinal inmediata ni conocimiento absoluto. La verdad es
progresiva, el crecimiento espiritual es un proceso y los frutos maduran a
ritmos distintos. Algunos responden rápido; otros necesitan tiempo,
acompañamiento y paciencia.
Lo
esencial es no abandonar el proceso, porque Dios es quien completa la obra
(Filipenses 1:6). Nuestra tarea es ser fieles, constantes y disponibles.
Un llamado final: volver a la misión viva
Hoy la
misión nos llama a salir, a involucrarnos, a ensuciarnos las manos con la realidad
humana. Nos invita a dejar la comodidad del templo y llevar el evangelio al
camino, a la mesa, al hogar, al hospital, al trabajo y al corazón herido.
No basta
con hablar de misión. Hay que vivirla.
No basta con saber. Hay que hacer.
No basta con sembrar. Hay que acompañar hasta la cosecha.
Que el
Espíritu Santo vuelva a encender en nosotros el fuego misionero, no como un
programa más, sino como un estilo de vida que refleje a Cristo en cada paso.
Notas
- Bosch, D. J. (2011). Transforming Mission
(p. 372). Orbis
Books.
- White, E. G. (2005). El
Ministerio de Curación (p. 91). Asociación Casa Editora Sudamericana.
(Obra original publicada en 1915)
- Wright, C. J. H. (2006). The Mission of God
(pp. 62–65). IVP
Academic.
- Escobar, S. (2003). La
misión cristiana contemporánea (p. 118). Ediciones Kairós.
- Guder, D. L. (2015). Missional Church
(p. 83). Eerdmans.
Bibliografía
Libros
Bosch, D. J. (2011). Transforming Mission. Orbis Books.
White, E. G. (2005). El
Ministerio de Curación. ACES.
White, E. G. (2009). Servicio Cristiano. ACES.
Wright, C. J. H. (2006). The Mission of God. IVP Academic.
Escobar, S. (2003). La misión cristiana contemporánea. Kairós.
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Guder, D. L. (2015). Missional Church. Eerdmans.
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Artículos
de revistas indexadas
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- Dudley, R. (2015). Why Growth Is Not Enough.
Journal of Adventist Mission Studies, 11(1), 23–39.
- Knight, G. (2013). Mission and Identity in
Adventism. Andrews
University Seminary Studies, 51(2), 189–204.
- Schwarz, C. (2016). Mission Beyond Programs.
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- Van Engen, C. (2010). The Church as God’s
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